Tras
leerla, coloqué la carta sobre el cenicero, encendí el
mechero y dejé que ardiera -me gustó el aroma, a fuego
de hogar-. La pavesa levantó el vuelo y se sostuvo unos
segundos en el aire, desafiando la gravedad. La hoja se encogió
apenas perceptiblemente, como queriendo abrazar los restos que se le
escapaban. Creció la llama y vertiginosamente consumió
la inmaculada página, dejando sólo favila. Una esquina
del folio resistió el embate, un triangulillo de pocos
milímetros que se aferraba a la grisácea ceniza. El
aroma siguió invadiendo la estancia, grato aroma a papel
quemado. Con un dedo rocé levemente los restos, la ceniza se
esparció, y entre el gris pizarra un trocito apenas
perceptible de blanco impoluto quedó como vestigio de lo que
fue y ya no era.
lunes, 7 de mayo de 2012
domingo, 29 de abril de 2012
Lluvia
Es
el llanto antojadizo
de
los dioses paradoja
infantil
para los vivos:
tromba
purificadora
de
penas, dolor y miedos;
y
mortaja en la derrota.
miércoles, 1 de febrero de 2012
Destino
Llega
ante la verja que proteje la entrada a la vivienda; se encuentra
abierta, como esperándole. A un par de zancadas dos amplios
escalones de mármol, flanqueados por una barandilla, terminan
ante la inmensa puerta de madera barnizada en caoba -nótase en
ella la mano del ebanista, por las molduras esculpidas en el marco,
el sutil torneado de su contorno y el primoroso resalto sobre la
puerta-; la aldaba, tallada en madera, es un desnudo cuerpo de mujer,
del tamaño algo mayor que una mano, exquisitamente acabado y
cuyas delicadas formas llevan a los sentidos a perderse en
ensoñaciones más propias de una fogosa juventud, que de
la madura prestancia del visitante. El autor de esta puerta no sólo
ama la madera, también a la mujer que posó para él
y que tan bellamente fue esculpida. Y al tomarla para llamar, siente
como si estuviese mancillando la puereza. Es tan solo un leve
estremecimiento, una sensación de desasosiego que dura
milésimas de segundo, como si tocase en verdad el cuerpo
virgen de la mujer deshonrándolo con su lujuria. Retira
avergonzado y velozmente la mano y la aldaba cae sobre el llamador
con un golpe seco, el sonido se eleva como si una orquesta de
violines iniciase una tarantela de armoniosa lírica,
finalizando en un par de bruscos acordes, que pueden oírse en
cualquier estancia de la casa. La puerta se abre ante él, y un
muchacho le recibe sonriente. Intenta decir algo, pero el chiquillo,
con un leve gesto, se lo impide, invitándole al mismo tiempo a
traspasar el umbral para penetrar en una amplia sala, que hace las
veces de distribuidor y recibidor. Cuatro enormes columnas de mármol
la custodian, así como protegen la estructura del edificio. El
marmóreo suelo se halla bellamente alfombrado y las paredes de
la estancia dejan ver hermosos tapices de alegres motivos campestres.
Y frente a él dos enormes, negros y profundos, ojos de mujer.
Dos ojos que le traspasan, indicándole, sin palabras, que los
siga... Y los sigue. Sigue a la mujer como hipnotizado, a través
de la sala y hacia una puerta semioculta, que se confunde en la pared
y parece abrirse sola en cuanto llegan a su altura. Nada ve de su
interior, tan solo negrura, una absoluta opacidad -en contraste con
la luminosidad de la estancia en que se halla-; la oscuridad le
desconcierta y le llena de temor, sus sentidos se ponen a la
defensiva; si bien el andar firme y decidido de la mujer que le
precede le tranquiliza. Recuerda porqué ha llegado hasta aquí
y sonríe. No es más que un atisbo de sonrisa, pero lo
suficiente para liberar su angustia, relajarse y afrontar el devenir
con menos inquietud. Penetra en la sombría sala tras la
hermosa doncella y de repente se siente solo, absoluta y totalmente
solo, como si fuese él el único habitante del mundo y
nadie más existiese. Y esta inenarrable y agobiante sensación
se hace más intensa conforme transcurren los segundos. Ni una
brisa, ni un aroma, ni un hálito; nada siente salvo el ronco y
monótono golpear del corazón en su pecho, el constante
fluir de su sangre. No hay suelo bajo sus pies, ni techo sobre su
cabeza. Está suspendido en la nada, flotando en una negra
atmósfera de vacío. Le duelen todos los sentidos; los
ojos de mirar y no ver; la piel, indescriptible la percepción
de su piel, en contacto tan sólo con él mismo, con su
propia carne. Y como único sonido, el de su propio organismo,
el latido de su corazón y el devenir de sus fluidos, los
humores hirviendo en las entrañas y las venas trayendo y
llevando la sangre a su rítmica y constante velocidad.
Repentinamente desaparece también el sonido... y comprende. Ha
traspasado el umbral y se halla en un nuevo estado que perdurará
más allá de lo imaginable. Ya no existen el tiempo y el
espacio, ni siquiera la ilusión, ni la posibilidad de
sentimiento alguno; sólo el horror del infinito. Quiere
gritar, pero ningún sonido sale de su boca, el grito se apaga
antes de salir, ya que nada hay donde propagarse. Y quiere llorar,
pero tampoco las lágrimas acuden a sus ojos. Y ni tan siquiera
puede desesperarse, la desesperación no es un estado que
afecte a los muertos.
viernes, 30 de diciembre de 2011
La Aldea
Hoy
he subido hasta “O
Alto da Cova da Serpe”.
El día es espléndido, especialmente luminoso. Dicen que
desde esta altura, en días así, puede verse el Faro de
Hércules. He querido comprobarlo y sí se ve. Mirando
hacia poniente, las lomas descienden y se acercan a la mar y desde
las cumbres se ven los valles entre montañas, el verde moteado
de más y más verde y el rojo de los tejados de las
casas, diseminadas como puntitos entre la espesura. Veo la torre y el
contorno difuminado de la mar, la bruma lo confunde en el horizonte
con
el límpido cielo.
Si
miro al sur, ya no aparece la mar ante mí, sino una
interminable escalera de montañas; algunas pobladas de
ubérrima vegetación y otras asoladas, negras; siento en
ellas los efectos del último y reciente incendio. Prefiero no
mirar al sur, quizá por mi propensión a la melancolía.
Me
vuelvo entonces hacia el oriente y debo proteger mis ojos, usando mi
mano a modo de visera, de los rayos solares. Son las primeras horas
de la mañana y el sol luce radiante y sé que si camino
hacia él me adentraré en una zona boscosa, donde los
robles, hayas, castaños, avellanos, abetos, pinos y eucaliptos
crecen aún agrestes en parajes
apenas
hollados por el hombre. Si siguiese esos bosques, me conducirían
hasta las estribaciones de las montañas, viejas montañas
erosionadas, majestuosas aún -algunas de nieves casi
perpetuas-, en la frontera con una tierra áspera y cobriza,
precursora de inquietudes y aventuras.
Y
por fin, miro hacia el norte; el monte desciende y sobre sus laderas
se agazapan, casi se pueden tocar, las casas de piedra con sus
tejados de pizarra y el humo del hogar encendido que se eleva desde
las chimeneas hasta desaparecer sin dejar rastro en la inmensidad del
azulado cielo. Veo los corrales, los pajares, las cuadras; los
antiguos hornos de pan y los campos cultivados, inmensos prados donde
los animales pastan, donde los labradores se desvelan en la
recolección de las cosechas; los árboles frutales… Y
allá, al fondo, en el valle que ampara la montaña, está
la aldea; triste y solitaria, apenas trescientos habitantes,
mortecina y apagada entre tanta luz natural. Vacía ya de
jóvenes; sólo los más viejos se afanan en dejar
sus vidas pegadas a la madera de castaño de las puertas de sus
pétreas casas. La carretera ha quedado en desuso, los
vehículos que circulan por la rápida y desangelada
autopista no disponen de tiempo para detenerse. Una aldea entre
bosquecillos, al pie de la montaña de la leyenda, de la que ya
casi nadie recuerda el nombre y en la que nadie parece enorgullecerse
de haber nacido.
lunes, 12 de diciembre de 2011
El mejor amigo
Marcos
caminaba sobre las arenas de la playa en compañía de su
hija.
-Papá,
té noto un poco triste.
-¿Por
qué lo dices?
-No
sé, hablas poco, papá.
Tras
unos segundos de silencio, el padre miró a la niña, esbozó una leve sonrisa, la tomó de la mano y le preguntó:
-¿Quieres
que te cuente una historia real?
-¡¡Síííí!!
¡Cuéntamela, por favor papi, cuéntamela!
Y
Marcos relató:
-Más
allá de los confines del mundo vive el más prodigioso y
admirable ser que jamás haya existido. Es a la vez el mejor
y el peor amante, el mejor y el peor amigo. Tan pronto puede ser el
héroe más valiente y denodado, como el cobarde más
pérfido y pusilánime; un hombre amable y generoso o el
más ruin y traicionero; el más benévolo y
cariñoso o el más cruel y deleznable. Pero su mayor
característica es que jamás desatiende las llamadas de
sus amigos, ni las de sus enemigos; pudiendo llegar a ser un
grandísimo compañero, que tanto te lleva por parajes
exóticos o por caminos de angustia y de amargura, o por rutas
donde la alegría y el gozo se meten en tu alma. Y puede
hacerte reír y puede hacerte llorar; y correr mil y una
aventuras, adentrarte en el amor o llenarte de odio. Puedes volar con
él a los más recónditos lugares, escalar las más
inaccesibles montañas o descender a los negros e insondables
abismos. Sentir con él los más nobles sentimientos o
acometer las más repugnantes acciones. Acceder a los más
remotos parajes o reposar en una plácida playa sobre su cálida
arena. Recorrer a su lado el infinito universo y perderte entre las
estrellas; hablar con los más grandes personajes de la
humanidad y con los más perversos. Luchar en mil batallas,
rendirte, ganar, perder y morirte con él. Puedes resucitar,
morir y renacer. Y pensar y ver lo inimaginable. Inquietarte, amar,
soñar, musitar y gritar...
-Pero,
papá, ¡todo eso es imposible! -le
interrumpió entre risas la niña.
-¿Eso
crees tú, hija? ¿Crees de verdad que es imposible? Pues
no, no es imposible. Porque este amigo del que te hablo existe en
realidad y se llama Libro.
jueves, 17 de noviembre de 2011
Cementerio
![]() |
| Cementerio Alegre de Sapanta |
de los que aún estamos vivos;
sus esqueletos cautivos
son retazos de la historia.
Porque goza de la gloria
el espíritu que otrora
habitaba la osamenta.
Si en la calma o la tormenta,
nadie sabe donde mora
su conciencia pecadora...
...pues ninguno lo comenta.
martes, 15 de noviembre de 2011
Honor
“La razón de la sinrazón que a mi razón se hace, de tal manera mi razón enflaquece, que con razón me quejo de la vuestra fermosura,” Don Quijote
Honor al deshonor hace
Honor al deshonor hace
quien
con honores la honra,cuando
es honor la deshonraen
el honor se complace.El
deshonor se deshaceal
honrarla con honor,porque
es honra darle amor,y
mi honor es darle gloria,retenerlo
en la memoria,y
así muere el deshonor.miércoles, 26 de octubre de 2011
A golpe de mar
La mar es blanca espuma por la brisa
y leal será tu lengua ya en mi boca;
ardiente como el fuego de tu risa,
que aguanta los embates como roca.
Y quisiera decirte, ya sin prisa,
que es tu cuerpo el aroma que me invoca,
nostalgia de una dulce piel tan lisa
que mi sentido excita y aún provoca.
Como azotan las olas a la costa,
lamiéndola con todos sus deseos,
penetrando su zona mas angosta,
me acarician tus trinos y gorjeos;
susurros de un océano impetuoso,
un huracán que sopla proceloso.
y leal será tu lengua ya en mi boca;
ardiente como el fuego de tu risa,
que aguanta los embates como roca.
Y quisiera decirte, ya sin prisa,
que es tu cuerpo el aroma que me invoca,
nostalgia de una dulce piel tan lisa
que mi sentido excita y aún provoca.
Como azotan las olas a la costa,
lamiéndola con todos sus deseos,
penetrando su zona mas angosta,
me acarician tus trinos y gorjeos;
susurros de un océano impetuoso,
un huracán que sopla proceloso.
lunes, 24 de octubre de 2011
Me llamaron poeta
Me
llamaron poeta por mi verso,
que declama una triste melodía,
un eco de letal melancolía
y es el clamor de todo mi universo.
El grito de dolor que yo disperso,
como negra y siniestra letanía,
desnuda de fervor a mi poesía
y la viste de un hálito perverso.
Fecundos crisantemos son mis flores,
que nacen a la sombra de un ciprés
y tiñen con sus grises mis colores.
Perdido por la savia el interés,
la agonía vital de mis amores
ha roto el aparejo de mi arnés.
...
ya arrugado su pellejo,
Soy viejo.
Y así, en un Ovillejo
nos dejó pues el rapsoda
su más grande y mejor oda.
Decía el poeta: Soy viejo.
que declama una triste melodía,
un eco de letal melancolía
y es el clamor de todo mi universo.
El grito de dolor que yo disperso,
como negra y siniestra letanía,
desnuda de fervor a mi poesía
y la viste de un hálito perverso.
Fecundos crisantemos son mis flores,
que nacen a la sombra de un ciprés
y tiñen con sus grises mis colores.
Perdido por la savia el interés,
la agonía vital de mis amores
ha roto el aparejo de mi arnés.
...
Al llegar la luz del día
decía
cortándose la
coleta
el poeta,ya arrugado su pellejo,
Soy viejo.
Y así, en un Ovillejo
nos dejó pues el rapsoda
su más grande y mejor oda.
Decía el poeta: Soy viejo.
viernes, 21 de octubre de 2011
Breve relato sentimental
Lo
dejó todo, incluso trabajo y aficiones; olvidó a sus
amigos; se alejó de su tierra, de su patria, de su casa y de su hogar; para partir con ella y permanecer a su lado; no ya como un báculo
que le sirviera de apoyo, sino como parte de ella, para fundirse los
dos en un solo ser. Y
con ella permaneció durante toda la enfermedad; padeció
su deterioro físico; sintió su mismo dolor; lloró
postrado ante ella cuando perdió sus cabellos; y la vio
consumirse, lenta e irremisiblemente, agotando su vitalidad... Tomó sus manos infinidad de
veces, besó sus ojos sin pestañas y su rostro sin
cejas; le hablaba a cada instante, y, ocultando las lágrimas,
reía con ella. Al final de su trayecto,
le inyectó la morfina, mitigando así su dolor, para hacerle llevadera la agonía. Y la vio partir. Estaba con
ella el día en que se fue; y quiso irse con ella -se habría
ido con ella- pero en ese instante su hijo lo miró.
-¿Te
irás tú también, como mamá. Me dejarás
solo?
-Tal
vez, hijo, tal vez un día me vaya -su sonrisa no ocultaba la amargura-, pero ya no voluntariamente,
al menos mientras tú estés aquí.
Y, tras arrojar las cenizas a la mar, padre e hijo volvieron de la mano,
con ella reposando para siempre en la memoria, y sabiendo que, aún
habiendo perdido lo que más amaban, seguían teniéndose
el uno al otro.
miércoles, 19 de octubre de 2011
Caperucita y el lobo
Ya la tierna y gentil Caperucita
va paseando alegre sin cuidado
y al muy lascivo lobo se ha topado;
quien díjole a la guapa muchachita:
- No tengas prisa mi niña bonita
-añadiendo el feroz lobo malvado-,
retocemos un rato por el prado
y que se espere un poco tu abuelita.
La niña, señalando más allá,
le contestó con suave y dulce voz:
- Que no voy a poder, lobo feroz,
pues no le va a gustar a mi mama.
Y el astuto animal le respondió:
- A tu mamá, chiquilla, le encantó.
va paseando alegre sin cuidado
y al muy lascivo lobo se ha topado;
quien díjole a la guapa muchachita:
- No tengas prisa mi niña bonita
-añadiendo el feroz lobo malvado-,
retocemos un rato por el prado
y que se espere un poco tu abuelita.
La niña, señalando más allá,
le contestó con suave y dulce voz:
- Que no voy a poder, lobo feroz,
pues no le va a gustar a mi mama.
Y el astuto animal le respondió:
- A tu mamá, chiquilla, le encantó.
El sonido

La observa, reposa sobre la arenisca, el rudo y seco terreno le sirve de hogar. Ya vivía ahí antes de que él naciera. Procede de las entrañas de la tierra; brotó como el sol y se hizo luna, oro ígneo ennegrecido y pulido por el tiempo. Al tocarla se estremece, está fría. Quiere escuchar sus arcanos secretos, el sonido de unas baquetas se interpone; lo elimina; la voz grave y gutural del padre llamando a su hijo, también; la olvida. Se abstrae de su alrededor, quiere escuchar lo inmutable, y le llega el sonido; pero no es la gélida lava lo que escucha, es algo más profundo, un anhelo terriblemente acompasado; infinitas notas bruscas y unicordes, espantosamente rítmicas, se propagan a través del muro sobre el que apoya su pecho; se acompasa con ellas, el dedo anular de su mano izquierda sigue los acordes golpeando contra el muro... y le invade una repentina sensación de espanto; desaparece cuando los dedos dejan de repiquetear; pero el sonido persiste, aún con el mismo compás, se intensifica, añade más instrumentos a la melodía, se eleva y se convierte en sentimientos, en recuerdos; son sus ojos mirándole mientras la mira, es una caricia con rostro, son unos labios que besan, es un aroma que le impregna de dicha, es el sonido del amor. Los chavales alborotan a su lado, rompen el hechizo; su corazón sigue latiendo, pero ya no lo escucha.
domingo, 9 de octubre de 2011
Déjame, vida
¿Por qué me apartas de la sombra horrible?¿Por qué, vida, me alejas de lo inmune
y por qué me mantienes despejado,
si es mi anhelo perderme en el olvido?
Sufrimiento fugaz que se eterniza
y me obliga a pedir misericordia.
Otórgale descanso a mis pesares;
ya no quiero seguir con la esperanza
estéril de creer en mi existencia.
Arroja al fuego el libro de mi mundo.
No le temo al horror de lo perenne;
esta duda me causa más angustia,
porque es morir, la lógica se impone,
plácida oscuridad sin pensamientos.
miércoles, 29 de junio de 2011
Sobre sus actos
Mirando en su futuro
sólo ve sombras de recuerdos;
de lo que otrora fue su mundo.
Su monólogo interno
se torna impúdico,
resbala por la pátina del miedo,
testigo mudo
del sólido y etéreo
murmullo
que habita su reino,
y se hunde en el curso
opaco de sus pensamientos;
es un caos confuso
que se torna intenso,
como el amargo fruto
de los mismísimos infiernos.
sólo ve sombras de recuerdos;
de lo que otrora fue su mundo.
Su monólogo interno
se torna impúdico,
resbala por la pátina del miedo,
testigo mudo
del sólido y etéreo
murmullo
que habita su reino,
y se hunde en el curso
opaco de sus pensamientos;
es un caos confuso
que se torna intenso,
como el amargo fruto
de los mismísimos infiernos.
jueves, 2 de junio de 2011
Ultrajando el amor
Azotas la ilusión,
infame látigo,
restallando en las manos de un villano
que golpea su fracaso en el amor.
Como un maldito dios,
rompes el lazo
que anuda nuestros actos
a la razón.
¡Qué sencillo es sentir la ira
y qué fácil aliarse con el odio!
Esclavos somos del oprobio
en las manos de la insidia.
¿Es valentía
el denunciar la acción abyecta,
o es acaso un deber de la concienia?
¿Qué valor tiene una vida?
¡Qué frágil es el inocente!
¡Qué cobarde el espíritu
que dedica su ímpetu
a ultrajar la pureza hasta la muerte!
infame látigo,
restallando en las manos de un villano
que golpea su fracaso en el amor.
Como un maldito dios,
rompes el lazo
que anuda nuestros actos
a la razón.
¡Qué sencillo es sentir la ira
y qué fácil aliarse con el odio!
Esclavos somos del oprobio
en las manos de la insidia.
¿Es valentía
el denunciar la acción abyecta,
o es acaso un deber de la concienia?
¿Qué valor tiene una vida?
¡Qué frágil es el inocente!
¡Qué cobarde el espíritu
que dedica su ímpetu
a ultrajar la pureza hasta la muerte!
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